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	<title>Comentarios en: Una Kéndera al volante&#8230;</title>
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	<description>El Mundo a través de los ojos de una Kéndera Hechícera</description>
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		<title>Por: Norda</title>
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		<dc:creator>Norda</dc:creator>
		<pubDate>Mon, 02 Mar 2009 20:29:13 +0000</pubDate>
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		<description>No, no me molesta. Simplemente me ha parecido curioso xD.</description>
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		<title>Por: Suluk el Breve</title>
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		<dc:creator>Suluk el Breve</dc:creator>
		<pubDate>Mon, 02 Mar 2009 20:14:25 +0000</pubDate>
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		<description>Hola. Simplemente me aburría. Espero que no te haya molestado.</description>
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		<title>Por: Norda</title>
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		<dc:creator>Norda</dc:creator>
		<pubDate>Mon, 02 Mar 2009 17:57:08 +0000</pubDate>
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		<description>Vale, mu bonito y tal... ahora, ¿serías tan amable de explicarme a que viene esto?</description>
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		<title>Por: Suluk el Breve</title>
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		<dc:creator>Suluk el Breve</dc:creator>
		<pubDate>Sun, 01 Mar 2009 23:50:56 +0000</pubDate>
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		<description>En los fríos y remotos campos de Ellentuir, una mano alza la espada Túntura,la única, la poderosa capaz de cortar el acero como si fuera una fina lámina de barro. Esta mano pertenece a Thalak, uno de los doce últimos Señores de los Elementos, que se dirige sin demora a afrontar su inevitable destino.
Durante los últimos años, había reinado la paz en Ellentuir. Las aguas de los ríos eran limpias, la hierba verde y los vientos cálidos. Sin embargo, un antiguo mal latente dormía esperando una oportunidad. La traición de Kallek, como se conoció después fue el desencadenate. Kallek, entristecido ante la pérdida de su amada Ithisia, cayó presa de las engañosas promesas de Ork, y le liberó de su cautiverio rompiendo las cadenas y los hechizos que lo mantenían preso. Todavía se cantan canciones sobre esta traición y sobre como murió Kallek bajo la ira de Ork. El mal necesita alimento, y así fue como no despreció la oportunidad de alimentarse de su esencia una vez libre.
Ork contaminó los ríos, enfrió los aires y absorbió la vida de animales y plantas, sembrando la muerte y la desolación.
Los doce Señores de los Elementos sellaron de nuevo la Alianza y combatieron de nuevo contra un mal aún más poderoso que antaño. Uno tras otro fueron muertos de forma cruel y espantosa. Únicamente Thalak seguía con vida, y con su último aliento, levantó a Túntura y realizó el Sacrificio. Su esencia se liberó conjurando al único elemento contra el que Ork no podía luchar. La Luz le consumió, y destruyó su conciencia.
Desde entonces, los campos de Ellentuir se encuentran malditos y una profunda tristeza invade a todo valiente aventurero capaz de adentrarse lo suficiente en ellos. Gracias al Sacrificio de Kallek, para afrontar la tristeza sólo es necesario alzar la vista y observar la Luz repartida en las estrellas.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>En los fríos y remotos campos de Ellentuir, una mano alza la espada Túntura,la única, la poderosa capaz de cortar el acero como si fuera una fina lámina de barro. Esta mano pertenece a Thalak, uno de los doce últimos Señores de los Elementos, que se dirige sin demora a afrontar su inevitable destino.<br />
Durante los últimos años, había reinado la paz en Ellentuir. Las aguas de los ríos eran limpias, la hierba verde y los vientos cálidos. Sin embargo, un antiguo mal latente dormía esperando una oportunidad. La traición de Kallek, como se conoció después fue el desencadenate. Kallek, entristecido ante la pérdida de su amada Ithisia, cayó presa de las engañosas promesas de Ork, y le liberó de su cautiverio rompiendo las cadenas y los hechizos que lo mantenían preso. Todavía se cantan canciones sobre esta traición y sobre como murió Kallek bajo la ira de Ork. El mal necesita alimento, y así fue como no despreció la oportunidad de alimentarse de su esencia una vez libre.<br />
Ork contaminó los ríos, enfrió los aires y absorbió la vida de animales y plantas, sembrando la muerte y la desolación.<br />
Los doce Señores de los Elementos sellaron de nuevo la Alianza y combatieron de nuevo contra un mal aún más poderoso que antaño. Uno tras otro fueron muertos de forma cruel y espantosa. Únicamente Thalak seguía con vida, y con su último aliento, levantó a Túntura y realizó el Sacrificio. Su esencia se liberó conjurando al único elemento contra el que Ork no podía luchar. La Luz le consumió, y destruyó su conciencia.<br />
Desde entonces, los campos de Ellentuir se encuentran malditos y una profunda tristeza invade a todo valiente aventurero capaz de adentrarse lo suficiente en ellos. Gracias al Sacrificio de Kallek, para afrontar la tristeza sólo es necesario alzar la vista y observar la Luz repartida en las estrellas.</p>
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